No recuerdo cuando fue
la primera vez pero sí que la hubo. No le cuentes a tu papá, eso le dije y le
besé la frente hirviendo.
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¿Te pasa algo? Pregunté
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Mal día en el trabajo si queres me
ahorro los detalles pero si insistís…
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Sabes que jamás insistiría con eso,
sabes que detesto los detalles porque los tuyos generalmente tienen pliegue y
trama.
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¿Vida propia querrás decir?
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Ni los chistes entendes.
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¿De qué hablas?
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Deja, ¿sabes si tiene fiebre?, ¿donde
dejaste el termómetro?
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¿Por qué decís que no entiendo los
chistes?
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Por el mismo motivo que dejas las
novelas en el capitulo dos.
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¿Y eso que tiene que ver?
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Me parece que hay como un brote que de
tanto en tanto se abre y uno improvisando zapatos para que no duela.
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Deberías hacerte cargo. Anoche escuché
ruidos, eso que vos llamas “un brote”, deshojar la margarita.
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¿Ves que cuando queres podes?
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¿Qué vas a hacer con la nueva?
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Cuando encuentre el termómetro te digo,
me parece que tiene fiebre.
Abrió la puerta, al
parecer estaba dormida. Sintió como un frío metálico le desnudaba la boca labio
por labio. Pareció calmarse o seguir respirando.
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Me parece que tu problemita, tu nueva
primavera no se soluciona con un termómetro.
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Tampoco con el más cruel de los
pediatras.
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Yo no sé como tus placeres pueden tener
tribulaciones después de tanto…goce.
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Se ve que retomamos la novela.
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¡Morite hijo de puta!
Sin querer le había
dado una idea. Pero mejor no anticiparse. La partida de dados empezaba cuando
las estrellas pero siempre el sopor de la trampa modifica los hechos.
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¡Te vestiste de medico pedazo de mierda!
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¡Médico no! ¿Cómo había dicho? El más
cruel de los pediatras.
No se puso guantes, su
fantasía pasaba por otro lado. Le abrió los ojos claros como quien desecha lo
feo de una fruta madura. Mordió sus muslos en esa ruta que había construido tan
lejos que tanto grito parecía una mentira. Le mordió el pecho, casi no tenia
tetas.
“Las historias detrás
de los cuerpos son mi poema favorito” resalto esa frase podría ser el puntapié
inicial de un futuro diario. Se seco la boca con un trapo sucio. Era tal el
griterío que los que nunca te vieron no podrían ni abrir la boca. Yo desde
lejos te maldije como si alcanzara, como si sanara una serpiente satisfecha por
un ratón envenenado. Sacó del maletín un cuaderno, lo firmó con letra de médico
ilegible. Se autorizó la orden, su próxima aventura.
Le quitó la ropa
despacio, la volvió a morder como un tigre que duerme y se sueña dentro de otro
tigre. El estetoscopio abierto en partes iguales. Su corazón latía como un
puerco con monedas. No tardo en delegar un diagnóstico. Examinó profundo cada
una de sus cavidades hasta llegar a la penumbra que la noche eligió. Primero
probó con un dedo. Índice, anular, índice. El meñique disfrutaba entre risas.
La dio vuelta como una puta, como a un ciervo flagelado por la pirámide social.
Un viento suave lo recorrió por dentro. No pudo más que sorprenderse entre
tanto fuego. Al fin había encontrado el termómetro.
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