jueves, 30 de enero de 2014


JUSTO FUEGO


Nazco solo y desnudo en el asalto de las simas estañosas de la noche
y su fino trasfondo de poterna de parasol sin ojo sin mirilla
a la hora exacta del incendio de las caparazones perfectas
portadoras de sombras fundidas y ciclones de plata
a la hora exacta del  despiojamiento de los astros errantes
y la exaltación de los cielos vermiculares
a la hora exacta en que dios me da vuelta su espalda de gran reptil
y las polillas del alba preñadas de soles intactos se fijan  a la corteza lisa y fulminada
de todas las bocas orquidales de todas las ciudades inhumadas de todos los rincones abismados
del mundo

Oh vergonzoso alumbramiento

Los días cuentan los días de soles en las esclusas resecas de los canales celestes
toda la materia lactescente recama el flanco campanulario del mundo
y cimbra las venas ebrias de los sicomoros
las sienes de las costas sincopadas por las riberas hiperbólicas
y las fulguraciones opalescentes de los lechos lamosos del mar

El oído del mundo se hace sordo bajo las espuelas de los densos temporales
en cuyo seno espero a la mujer de los coros del crisol de los girasoles en boga
de los blondos jardines de estío

¿Me amará acaso con mis pies de fosforo
mis días incandescentes de noctambulo en el azoramiento ululante del ardor
de las enramadas fósiles y su fuego central
mi amor de orillas sin portulanos lógicos besando tímidamente
la boca errante del mar
mi soledad de los cuatro puntos cardinales
de sus glaucos golfos brotando por los desagües roncos del mundo
de sus tibias estaciones del polen
de los campos hilándose solos en tendales harapientos?

Umbela
y racimos de bocas blandas
mordiendo la escolta de los falsos temporales

En el día umbroso saldré al mar como un nadador sin orillas sin huellas de errantes marejadas
y mi débil estela será el embalse donde irá a parar el desove de las rémoras celestes
y pecios hinchados de hedores espesos asumirán el color de las costas despellejadas
de todos los abismos perdidos del mar
de los parpados de los ángeles de la guarda de los ahogados

Ah fraterna luz de cromosomas ictéricos
en tus ocasos secretamente sonoros callan mis andamiajes chirriantes de neurosis
¡Soles malsanos del ocaso horadado de afanes y alveolos eléctricos!
¡Pesadas vigilias del bórax de las noches hialinas!
Ah dulce icor de sombras hinchadas de níqueles y plomo
hacia tus costas febriles rampantes el sueño lleva
sus proas de pico de cuervo de lucida sangre
y las horas sin nombre del reposo de los hombres
se abren en rotas bocas de trompetas bajo lunas lisas de grandes limaduras
en gruesas crines de hipocampos bajo velámenes de sombras de robles
erguidas en robles flamígeros
lento delirio de gargantas orladas de parvas quebraduras
mástiles donde se rizan las fibras del ansia de los hombres

Oh bautismo de guerra
bautismo de balumba
bautismo de arcadas de gargantas de granito y lágrimas de glaucoma

Vendrá el día
con sus asaltos de escolopendra y sus largos espigones de caravanas fúnebres
en que nos sentaran a la mesa de los fusileros de sus bocas de jaurías álgidas
y nuestro pan será el pan negro de las noches salmodiantes y sus sobras serán
el ayuno eterno en el seno de los días lactantes que nos sucederán


Las arenas agoreras del desierto martillaran por siempre la aurora madre acurrucada en sus molidos orientes de palmas desfogadas y los hombres sorberán de sus dedos yermos de la estirpe de lúnulas fulminadas las lanzas que la patria en su paroxismo calle, la tierra rezumara las maduraciones del miasma, los vapores bochornosos de sus roncos catarros,  y sus enjambres nudosos pegados de efluvios opalescentes  entornaran las frentes terribles de las boas fantásticas que embridan los cuerpos del ansia de la libertad.

Soneto nº1



De la pasión al terror sempiterno
buscando la pretérita alegría
que fue el paraíso de nuestro día
Pero ahora, esta noche es un infierno

Se alza la voz en un estruendo eterno
de todos los hombres su valentía
y algunos se muestran con hidalguía
desde el calor del muy lóbrego averno

Ínclito poeta con voz henchida
se despertó con signos de agudeza
buscando, sus palabras, la salida

Inspirado, con la sutil presteza
de una gran voluntad nunca abatida
gritó la verdad con franca viveza

Apología de un desconocido al que todos ignoraron


Apología de un desconocido al que todos ignoraron 

Desnudándonos corrimos al bosque
para demudar,  al calor del hierro,
el rechazo frío.
Al pie del Monte Fuji,
nos juramos la eternidad.
Presencia infinita de lo prohibido,
bajo el árbol umbrío.
El imperio perpetuo del silencio,
por el graznido de un cuervo interrumpido.
Y en un coup d' etat de los sentidos,
las estrellas se apagaron de un tiro.

Soneto nº2



¡Oh inicua caléndula ponzoñosa!
de tu muy lúgubre e inhumano amor
yo no tengo el deseado valor
para tomar tu carne más morbosa

Inescrutable figura medrosa,
del cuerpo umbrío sentir el calor,
analizar de la flor su color
y entregarse a la pasión tenebrosa

De esta bestial astucia soy tu presa
un alfil relegado en el tablero
esperando la vil muerte inconfesa

De esta vida soy sólo un pasajero
que no pudo ver a quien profesa
la palabra del fútil mensajero